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“At the still point on the turning world… there the dance is”.

(Burt Norton), T.S Eliot

Todo lo que sucede en la sala donde practicamos es útil para nuestras vidas. Este es el punto de vista con el que podemos acercarnos a cualquier trabajo que sitúe el cuerpo en el centro. Usar el cuerpo como herramienta es una elección que ordena al resto de elementos, mente, energía, espacio, sonido, luz. En el taller de I Ching y movimiento espontáneo vamos a poner los conceptos y el conocimiento de este libro en nuestros cuerpos.

¿Qué sentido tiene esto?

La esencia de este libro reside en el estudio detallado de los momentos que atraviesa algo mientras se convierte en otra cosa, por eso lo conocemos como el libro de las mutaciones o los cambios. Todos nosotros estamos cambiando todo el tiempo, todo alrededor de nosotros está cambiando todo el tiempo, a pesar de todo, ese nosotros tiene mucho que ver  con la experiencia de continuidad que nos proporciona la mente, pero no siempre es así.

Todos sabemos lo que es sentirse visitado por una experiencia del pasado, empieza como un recuerdo, conecta con una emoción y activa un torbellino de pensamientos a veces difíciles de parar. Todo este movimiento de la mente es el centro de las ideas que tenemos acerca de nosotros mismos, algunas veces la visita se alarga y somos capaces de observar esa “realidad” desde múltiples puntos de vista, la experiencia se propaga como las bombas de racimo. La clave está aquí,  no, la  clave quizás este allí. Vamos moviéndonos en ese espacio imaginario, podemos sentirnos tentados a juzgar, premiar, castigar o podemos observar y dejar ir, esa es nuestra elección.

Ese ir y visitar los ficheros oxidados de todo lo que fuimos es algo que combinamos con tocar todas las puertas que nos llevan a todas las posibilidades que se abren frente a nosotros, cada puerta una línea de fuga por la que nos dejamos ir mientras esperamos el autobús, conducimos, o dejamos pasar el tiempo en un atasco. La mente está siempre moviéndose y viajando, pero el cuerpo siempre está aquí, siempre ahora, siempre cambiando. La mayoría solo nos acordamos de el cuándo duele, y el dolor no es más que la resaca de todo ese ir y venir que nos afecta a nivel del cuerpo, la energía o la mente. Sus efectos nos moldean, condicionan nuestra postura, nuestros hábitos emocionales y nuestra percepción de nosotros mismos en la cadena que une los tres aspectos del cambio, pasado, presente, futuro.

¿ Cómo lo vamos a hacer?

La esencia del I Ching está en la filosofía del Taiji, los conceptos de este sistema filosófico impregnan toda la cultura china, desde el arte de curar (MTC) al arte de luchar (Fuerzas energéticas del Taijiquan) pasando por  el arte de ocupar el espacio (Fengshui). La base de su conocimiento está en la comprensión de esta secuencia. Todo encuentra su principio en la nada, de ahí surgen dos fuerzas opuestas (yin/yang) dependientes. Estas dos fuerzas y su interacción suman tres aspectos. Estos son los ocho triagramas, la irrupción de lo sustantivo. La combinación de estos ocho triagramas da lugar a los 64 hexagramas que son la estructura de nuestra realidad, siempre naciente.

Durante el taller vamos a viajar a través de estos conceptos. En un primer momento, haremos una tirada, el resultado será una foto fija del presente, aquí, ahora. Después iremos introduciendo el dinamismo, abriendo el cuerpo, activando nuestro sistema energético, enfocando nuestra mente. Alternaremos la experiencia del vacío en el que todo está  a punto de manifestarse, con la búsqueda de nuestro espacio entre el cielo y la tierra. Este trabajo nos llevara hacia la nada, una vez allí, dejaremos que el poder y la fuerza de cada triagrama por separado y del hexagrama completo de la tirada, nos muevan, nos sacudan. Caeremos, nos levantaremos. Nos pondremos en pie, quizás nada ocurra, el sonido estará allí, puede que encontremos un espacio dentro y que el espacio fuera cambie, puede que dentro y fuera dejen de tener sentido. En el mejor de los casos si le permitimos movernos, si dejamos que su fuerza nos de forma quizás encontremos en el fondo de la tormenta la raíz del movimiento, la calma.

Pase lo que pase, no vamos a juzgar, ni a premiar, ni a castigar. Solo observar y dejarnos ir, esa es nuestra elección. Al terminar y volver al mundo real puede que algo de lo practicado aparezca cuando sea necesario y nos ayude a estar más estables y cómodos en la experiencia de nosotros mismos y en nuestras relaciones con nuestro entorno. Esto nos dará opción de ser más libres abriendo puertas y ventanas por donde entre aire fresco en nuestras vidas.

Sábado 15 de Abril

Taller de I Ching y movimiento esponténeo

I Ching, cuerpo, movimiento y cambio

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